domingo, 17 de febrero de 2008

Hola, ¿qué tal?

Necesito recordar, empiezo a olvidarlo todo, tantas drogas y tantos años en la chepa han mermado mi capacidad de retención de datos, que no de líquidos.

Siempre que me preguntan por algo relacionado con mi pasado más reciente me da la impresión de que no se de qué coño me están hablando. Como si nunca hubiera estado ahí, las fotos de otros siempre demuestran que sí, que estaba ahí, dándolo todo, pero insisto, me cuesta recordarlo.
Ha llegado el momento de recordar y qué mejor que compartir con auténticos desconocidos mis vivencias más banales.

Nací en Lugo, pero demasiado joven como para recordar nada. Según testigos directos de mi infancia- mis padres- la mía fue muy, muy feliz, hay bastante material gráfico que así lo atestigua. Pero lo que es recordar, nada de nada.
Llegué a Madrid en 1989, con diecisiete explosivas primaveras a mis espaldas, descubrí los conciertos a diario, las tiendas de discos chulos, el cine en versión original, la noche y la fiesta. Me dedico a organizar conciertos de grupos que no le interesan a nadie hasta que se ponen de moda dos meses después. También pincho discos en cualquier lugar del mundo en que sea requerido mi arte. Y cocino. Qué curioso. Me acabo de dar cuenta de que me paso la vida entre platos.
Y no, no debería montar un restaurante con djs, he estado en varios en Barcelona y siempre he querido, y por este orden:
1) Abrirle la cabeza al dj con un bate de béisbol,
2) Abrirle la cabeza al cocinero con un bate de béisbol y
3) Quemarlo todo.

Me encanta ver la tele, aunque ahora todo el mundo diga que es una basura, que mal educa a nuestros hijos (yo juraría que a mí me educaron mis padres) y que si la ética, la moral.... en fin, que en mis tiempos veíamos Heidi y Marco, dos culebrones como la copa de un pino, pero enmascarados en dibujitos para niños. Una niña sola en una montaña, con su... ejem... abuelito (hoy por hoy estaría en la cárcel por pederastia) o un niño perdido por el mundo buscando a una madre hija de puta y escapista que lo abandona por un poquito de parné. De gran calidad y muy adecuado para infantes. Ya te digo. Os juro que tenía pesadillas por las noches por culpa de la madre de Marco. Me imaginaba a mi madre emigrando y yo teniendo que encargarme de todo, incluso de mi hermano. Qué estrés de infancia.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Bueno, anda!

andrés dijo...

carla, me encanta leerte.
gila?
no, groucho.
que no, tipicol.

por hoy basta que luego por la noche meriendacena...